El Partido Acción Nacional, partido en el poder Ejecutivo Federal, desde 2000 con Vicente Fox Quesada y en 2006 con Felipe Calderón Hinojosa, ha buscado promover determinados cambios en el ámbito estructural del marco jurídico. Sin embargo, pocas modificaciones de Ley de fondo han sido propuestas y muchas menos aprobadas por el Congreso. Incluso, la reforma fiscal en 2007 y la ahora iniciativa de reforma energética, quedan muy lejos de las expectativas de modificación estructural que se pensaba se propondrían y muy por debajo de subsanar las necesidades de la Nación mexicana en ambos rubros. Por ende, la expectativa de la siguiente reforma, la laboral, no es muy positiva en estos momentos.
Habrá quien pueda disputar estos argumentos señalando que los logros a la fecha (modificaciones también en las áreas financieras, y la legislación del ISSSTE, entre otras) son realmente cambio posibles que se han obtenido, sacrificando otras ideas de cambio; se puede decir, que es lo que se pudo lograr dada la estratificación del Congreso de la Unión (división partidista).
Pero, ¿no hace falta más? ¿No debería reconocerse que están limitadas las iniciativas a determinados cambios menores?, el escenario real es mucho más complejo y requiere de cambios más radicales, y el liderazgo natural del Ejecutivo Federal no necesariamente parece ejercerse. Por ende, y aunado a la característica fundamental del PAN de ser un partido conservador en el ámbito social (materia de homosexualismo, aborto, eutanasia, etc.), se torna como un partido conservador “Light” por calificarlo de algún modo.
El Partido de la Revolución Democrática, un partido netamente conservador incluso hasta radical. Sus posición de mantener estatus quo, de no proponer sino destruir, de a veces reconocer que las cosas no marchan bien, pero negarse a modificar los marcos jurídicos fundamentados en argumentos simplistas y falaces, como el hecho de argumentar una privatización de la paraestatal PEMEX, cuando solo se plantean modificaciones de asociación menor (en un ámbito mercantil, una Sociedad Anónima sin esta posibilidad no tendría viabilidad de existir ni competir…. ¿por qué lo va a tener otra empresa, aunque sea de gobierno?
Un PRD que se sostiene de mentiras, corruptelas y recibe a cuanto hombre y mujer señalados como corruptos en otros partidos, principalmente el Partido Revolucionario Institucional. Un partido que permite a gente como Rene Bejarano (ya expulsado pero como buena eminencia gris, sigue tras bambalinas), Arturo Núñez, Carlos Imaz, Porfirio Muñoz Ledo, entre otros ilustres que han quedado mal con la política mexicana; bueno, hasta el ridículo de tener ciertas alianzas con Manuel Bartlett Díaz, quien en 1988 apagara el sistema y le robara la presidencia de la República a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, líder moral del partido (que poca memoria tenemos, ¿no?) En fin, un PRD que busca mantener el estatus, pues como decían “vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”. Finalmente, un partido conservador, radical, del poder por el poder.
Un Partido Revolucionario Institucional que se siente exento a las críticas de la derecha y la izquierda y se busca ubicar al centro. Sin embargo, independientemente de dónde se ubique, continúa siendo señalado y recordado como originador principal de la sumisión económica en que vive este País. En ocasiones se habla de un nuevo PRI con gente como Enrique Peña Nieto (potencial candidato a la Presidencia de la República en 2012), pero que postula a la vez a la misma gente como en 2006 a Roberto Madrazo Pintado, quien ha venido a menos políticamente después de tanto “quemón”. Postula y lleva al poder a gente como el gobernador de Puebla, Mario Marín, que quedo en ridículo nacional por sus lazos con pederastas, pero exento de delito que perseguir respecto a la propia pederastía. Postula y tiene entre sí a miembros tan distinguidos como Arturo Montiel Rojas, exgobernador del Estado de México y señalado por actos de corrupción. En fin, una lista mucho más larga, que empaña por supuesto, a los posibles hombres que renovarían al partido, pues sus intercesores en el poder ahora, diputados y senadores, se posicionan como oportunistas, más que promotores del desarrollo nacional.
Ya no digamos a nivel local en Ciudad Juárez, donde un trienio anterior se llevó a cabo una serie de atropellos financieros, quizá los más absurdos de la historia de la ciudad; donde el populismo es lo único que reinaba, donde el “aparecer en la foto” era la única cosa importante, donde el control financiero, donde la precaución y aprovechamiento de una época de expansión económica, no significaba nada para actuar en consecuencia. Donde lo expuesto por la magnífica película mexicana “La Ley de Herodes” se ejemplificó al darle una Dirección General de Comercio a un individuo, por demás ignorante, que antes despachaba en el terreno destinado a tiradero de basura municipal… vamos, ¡la Revolución si hace justicia! Solo hay que imaginar si esto ocurre en un Municipio grande, observado y competido, que no ocurre en los cerca de 2 mil municipios de esta Nación.
Por ello, si bien no buscan “conservar” literalmente, si pretenden recuperar y al parecer para mal, un poder que tuvo durante 70 años y que al menos de 1968 a 1994, se dedicó a destruir a la Nación con ataques a la población (¿1968?), ataques a la economía (José López Portillo, Miguel De la Madrid, Carlos Salinas De Gortari), ataques a la moral (firma de componendas políticas con sindicatos como el de Petróleos Mexicanos, Luz y Fuerza del Centro, Comisión Federal de Electricidad, Instituto Mexicano del Seguro Social, Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, entre otros), ataques a la inteligencia (permitir que gente como Elba Esther Gordillo encabece al sistema educativo y entorpezca el conocimiento), etc. Un PRI conservador de huesos, de corrupción y de mediocridad.
Al final, tres partidos (por no citar a los pequeños partidos, que son más bien pequeños negocios de sus “propietarios”), que no aportan al debate intelectual. Que presumen de cualidades que no tienen por su falta de integridad y que terminan caracterizándose por se simplemente conservadores. Que estructuran una discusión sobre la izquierda a favor de los pobres y por ende es “buena” según ellos; una derecha que no define a favor de quién está ni define para qué existe. Al final, tres partidos conservadores, que dan soporte a que la noción y conceptualización del Estado Nación mexicano, cada día se vea mermado y vaya siendo necesario repensar si es el medio idóneo para nuestra Sociedad, o de plano se busca otra alternativa.
No termino sin comentar que es cierto, probable y verificable, que cada partido llegue a sumar gente positiva, con su demarcada ideología, pero que verdaderamente pretenda algo positivo para el País. Conozco a algunos, pero para acceder al poder, también he visto las “facturas” que han tenido que “firmar y pagar”, y por ende su calidad personal no figura en el escenario general de su partido. Ojala esta gente positiva pudiera tener el valor de enfrentar las necesidades de cambio, liberalizarse y hacer algo bueno para el País, pues si bien es un pueblo noble, individualista y no bélico, la opresión cansa… y espero que no estemos cerca del límite, pues de nuevo una guerra civil, no nos ayudaría en mucho.